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Tecnologías de la esperanza trans
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Los derechos trans y las tecnologías de la esperanza

Es marzo, y llegó nuevamente el día de la visibilidad trans. 

Hay quienes dicen que hablar de visibilidad ya no es relevante, otres que opinan que en los tiempos actuales lo simbólico es más importante que nunca. Sea como sea, lo cierto es que este día es un gran pretexto para poner el tema de los derechos trans sobre la mesa.

Panorama general: Estado de los derechos de la diversidad sexogenérica en 2026

En los últimos años, hemos visto el resurgimiento de políticas regresivas y de narrativas que obstaculizan los derechos humanos de todas las personas. La población LGBTIQAPNB+ ha sido blanco de gran parte de estos discursos de odio y, dentro de ella, específicamente la población trans.

No podemos ignorar al elefante gringo en el cuarto: Donald Trump. Desde su regreso al poder en Estados Unidos, en enero de 2025, ha mantenido públicamente una agenda de división, intolerancia y de retroceso de derechos que ha marcado políticamente al país.

Desde que retomó la presidencia, Trump ha firmado órdenes ejecutivas que limitan los derechos de las personas trans de múltiples maneras: prohíbió el uso gubernamental del término “género” e impuso el término “sexo” (que en este contexto, se define exclusivamente por las características sexuales identificadas al nacer); también, restringió el apoyo médico a jóvenes trans, y revocó las protecciones para estudiantes trans.

Pero no sólo eso, además, eliminó las políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI) en instituciones públicas.

Todas estas políticas antiderechos han repercutido en la vida de miles de personas: tan solo en el último año, el 57% de las personas LGBTQ+ en Estados Unidos (incluyendo el 84% de personas trans y no binarias) han tomado decisiones como ser menos visibles en sus comunidades, trabajos o escuelas, y otros más incluso se han mudado de estado o han cambiado de trabajo.

¿Y eso qué tiene que ver con América Latina?

 Lo que sucede en Estados Unidos impacta en el resto del continente. Esta ofensiva antiderechos ha servido como referente y estímulo para sectores conservadores y gobiernos reaccionarios de América Latina y el Caribe, quienes han impulsado retrocesos similares de derechos sexuales y reproductivos, en sus países.

Tan sólo unos ejemplos:

En Argentina, desde que Javier Milei llegó a la presidencia en diciembre de 2023, se han visto los siguientes retrocesos:

  • Eliminación del Ministerio de la Mujer, Género y Diversidad.
  • Erradicación de la institucionalización de la diversidad sexual, con la eliminación de las áreas de género y diversidad sexual en todos los ministerios nacionales.
  • Supresión de la representación especial en materia de OSIG de la Cancillería argentina.
  • Restricción del acceso a la atención de salud afirmativa para niños, niñas y adolescentes trans.
  • Reducción del número de personas trans que trabajan en puestos gubernamentales.
  • Decreto en el que se establece que el alojamiento en las prisiones se basará en el sexo asignado al nacer o en el género con el que la persona esté registrada en el momento de la detención, y se prohíbe que las mujeres trans sean alojadas en pabellones femeninos si han cometido delitos contra mujeres.

En mayo de 2024, al menos 105 personas trans habían perdido sus puestos de trabajo en la función pública.

En Brasil se han formulado al menos 77 leyes municipales y estatales anti-trans, vigentes en 18 estados; más de un tercio de ellas entraron en vigor el año pasado.

Entre éstas encontramos: la prohibición del uso del lenguaje neutro; la restricción de los debates sobre género en las escuelas, restricciones al uso compartido de baños; además de la prohibición  a deportistas trans de participar en competiciones deportivas; así como la eliminación del acceso a ciertos servicios de salud y prohibición de participar en Desfiles del Orgullo para niños y adolescentes trans.

Brasil también es el país con más asesinatos de personas trans en el mundo.

En Perú, la avanzada antiderechos es alarmante: en mayo de 2024, el Ministerio de Salud emitió un decreto que considera a la identidad trans como un padecimiento mental. Esta acción actualmente es usada por los grupos antiderechos LGBT como un “argumento oficial” para decir que las personas trans sufren un trastorno mental, además de obstaculizar los procesos judiciales de cambio de sexo y nombre.

Para 2025, una ley que supuestamente pretendía proteger a les niñes y adolescentes del abuso sexual limitó elacceso a los baños públicos en función del  “sexo biológico”, lo que en la práctica prohibió a las personas trans ocupar los baños públicos correspondientes a su identidad de género.

Por último, en Colombia, tras la noticia del asesinato de Sara Millerey, en Antioquia, se aprobó la Ley Integral Trans(o Ley Sara Millerey), que incluye: reconocimiento legal de la identidad de género sin trámites costosos, atención integral en salud trans, protección laboral y acciones afirmativas para promover la inclusión en el trabajo, datos y estadísticas oficiales que visibilicen la situación de la población trans en las políticas públicas.

Esta ley es un logro de activistas, construida con las manos y las experiencias de más de 1300 personas trans y no binarias; sin embargo, la noticia no deja de tener un sabor amargo: ¿por qué tiene que viralizarse una tragedia como esta para que el Estado tome acciones para proteger a las personas trans?

Y… ¿cómo estamos en México?

Si bien, México no se ha sumado a este impulso antiderechos, aún enfrenta obstáculos para garantizar el acceso y protección de derechos básicos a las personas trans.

Para inicios de 2026, 26 estados del país habían reformado sus leyes para incorporar un procedimiento de cambio de identidad de género. Sin embargo aún existen entidades como Aguascalientes, Chiapas, Durango, Querétaro, Tabasco y Tamaulipas, que aún tienen pendiente la aprobación de una ley en la materia.

Otro pendiente es lo referente al reconocimiento de las infancias trans. A pesar de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró que el derecho a la identidad debe reconocerse también en menores de edad, solo tres estados han eliminado las restricciones de edad para este procedimiento.

En el caso de las personas no binaries, tan sólo seis estados han reconocido legalmente esta identidad; sin embargo, aún en estas entidades, en la práctica, las personas NB enfrentan obstáculos para homologar sus documentos de identificación, lo que les deja en un limbo legal.

Por último, nuestro país continúa ocupando el segundo lugar en asesinatos de personas trans. En 2024, el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio contra personas LGBTI+, de la organización Fundación Arcoíris, registró al menos 97 crímenes de odio, entre desapariciones y asesinatos. Esto se traduce a casi ocho delitos por mes; la mayoría, mujeres trans trabajadoras sexuales que viven en situaciones de vulnerabilidad.

En conclusión, en México los avances legislativos no son suficientes. Las personas trans y no binarias siguen enfrentando exclusión legal, discriminación y falta de acceso a servicios esenciales como salud, educación y empleo digno. Como lo dijo la activista Sylvia Sofía Pérez, las personas trans en México siguen luchando por el derecho básico a existir sin miedo”.

La discriminación, la violencia, el acceso real a los derechos no se resuelven únicamente con reformas jurídicas o con creación de nuevos delitos. Por eso, desde el programa de Identidad Sexual (IS), de Balance AC pensamos que el Estado debe procurar procesos de sensibilización profunda en todas sus instancias, especialmente en aquellas que deberían procurar justicia, garantizar seguridad y brindarnos acceso a la salud sin discriminación y de calidad.

Las personas trans no son una cuota de acción afirmativa: son prioridad de política pública.

Ante este panorama… ¿cómo podemos actuar?

Desde IS, te proponemos imaginar, crear y construir posibilidades. Es decir, construir esperanza. Proponemos retomar un término usado por el periodista Darwin Franco respecto a las estrategias y dinámicas de las madres buscadoras: ante las tecnologías del terror y del poder estatal, responder con tecnologías de la esperanza.

La tecnología de la esperanza “se basa en adaptar la tecnología a la necesidad humana de encontrar vida”. Para las personas trans, quizá las tecnologías de la esperanza son todos esos proyectos, redes, propuestas, espacios digitales y físicos que construimos para seguir encontrándonos, haciendo comunidad y organizándonos colectivamente.

Es decir, las tecnologías de la esperanza trans son todas esas apuestas que hacemos en colectivo para sobreponernos al miedo y construir posibilidad juntrans.

Por ejemplo, algunos proyectos comunitarios que buscan generar espacios de encuentro entre pares son:

* Los grupos de la Unidad de Salud Integral para Personas Trans  (USIPT) en la CDMX.

* Las actividades dirigidas a infancias, adolescencias y familias trans de la Asociación por las Infancias Transgénero,

* El grupo de afirmación de género para personas trans y no binaries de Casa La Moira,

*El Círculo Sáfico, un espacio mensual que tenemos en Balance A.C. para hacer comunidad entre personas sáficas.

También existen otras apuestas que construyen posibilidades desde el arte: el festival de fanzine y contracultura trans aluZine, el Museo de Arte Transfemenino, o las actividades del programa Transafectivxs de Pandeo.

Y para mantenernos informades, y al mismo tiempo, apostar por narrativas alternativas y luminosas respecto las personas LGBTIQAPNB+ en nuestras geografías, te invitamos a conocer los medios y organizaciones que formamos parte de la alianza Juntes Narramos: Agencia Presentes, Balance A.C. (desde las redes de @sentirbonitomx), Girl Up México, Malvestida y Volcánicas.

Sigamos caminando junTRANS

Desde la esperanza, pasamos a la acción. Incluso las acciones “pequeñas”, o en nuestro entorno más inmediato, tienen un gran impacto.

¡No perdamos la esperanza ni dejemos de actuar!


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